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Los fantasmas de Alcorcón
Por José Alexander Bustamante-Molina
alexanderbustamante@ula.ve
Es cierto que noticias más importantes conmueven España por estos días. La
posibilidad de excavar la tumba de Federico García Lorca (1898-1936) en
búsqueda de una sepultura digna o la intención de la familia de Miguel
Hernández (1910-1942), que más allá de su muerte hace tanto tiempo a manos
de los militares, solicitan que su condena a 30 años sea anulada como un
acto de justicia moral, con seguridad tendrán repercusión en las esferas
intelectuales de ese país. El primero fusilado. El segundo víctima de la
tuberculosis en una cárcel. Al tiempo que las heridas del pasado parecen
nunca cerrarse en España, en aras de recordar a dónde los llevó el
autoritarismo, en la misma semana Borja Pérez revivió otras heridas, otras
tumbas y otros fantasmas de la era franquista: el espigado jugador anotó
muchos goles al Real Madrid.
A Florentino Pérez lo acompaña el Diablo, salvo que no ha hecho un pacto con
este sujeto del terror del inframundo judeocristiano. Toda la inversión (o
derroche) planificada para confección un equipo ganador de punta a punta por
todos los terrenos que pisará, el fantasma de los Galácticos aparece en otra
faceta, renovado, con otras caras y otros egos, como sólo saben hacerlo los
fantasmas. Esta versión galáctica es mucho más coherente que la anterior.
Sigue estando lejos de ser un “equipo” de verdad, y esto es una sospecha,
que en medio de las contrataciones millonarias, también firmaron contrato
los “egos” de los jugadores, la alteridad de los deportistas. La goleada
recibida por el super atrevido Alcorcón también dejó entre líneas un mensaje
de malestar y discordia que están enviando los jugadores.
No faltará los defensores del Real Madrid en llenarnos de lugares comunes,
pero de esos lugares comunes se ejecutó a la inversa el más utilizado por
los llamados periodistas deportivos: “la camiseta pesa”, no: la camiseta no
pesa, eso es cosa de los fanáticos. Todo lo contrario, camiseta es lo más
liviano en el futbol moderno. Pesan los goles y los contratos a los
jugadores.
Los pocos momentos de alegría que regala el fútbol es cuando un equipo como
el Alcorcón, de las divisiones de los inframundos del sobrevaluado futbol
español, fue capaz de ganarle, aunque sea una vez en la vida, al franquista
equipo del Real Madrid. El Ego deportivo derrotado por el orgullo del Ser,
la goleada a los egos.
Alcorcón es un municipio de España localizado en la Comunidad de Madrid, a
unos doce kilómetros a la capital España. Su población asciende a 166
habitantes; de pasado agrícola (cultivos de secano, es decir cultivos sin
riegos) hasta 1960, ahora es una ciudad dormitorio. Buena parte de sus
habitantes se desplazan a los centros de trabajo de Madrid, Getafe, Móstoles,
Fuenlabrada, Pinto, entre otros.
Hasta esta semana, su equipo era un mero entretenimiento de soñadores que
salieron a la cancha con el verdadero objetivo del fútbol: jugar, y lo mejor
de todo: divertirse. Ahora el entorno mediocre del futbol lo vigilará para
que caiga en la trampa de las entrevistas y la persecución de las cámaras y
aminorar las posibilidades de seguir avanzado en la Copa del Rey. Ya eso no
le importa a ningún habitante de Alcorcón. El poder los atraerá a sus redes
pegajosas y el Real Madrid avanzará a la siguiente ronda porque sabemos que
la inversión de Florentino Pérez no puede perderse por el atrevimiento de
verdaderos jugadores de fútbol, los del Alcorcón.
Las memorias de Lorca y Hernández deben estar sonrientes, como poetas y
fantasmas disfrutan el juego y se divierten en el desvarío de los egos
merengues. Otra fantasma y pícaro, pero vivo, también sonríe con picardía
desde su ventanal en Barcelona: Enrique Villa-Matas, que en coro grita: ¡Alá
Alcorcón! Veremos qué pasa.
Fin de año
Por José Alexander Bustamante-Molina
/
alexanderbustamante@ula.ve
Como una temporada que termina, el año de formato gregoriano,
nuestra medida anual del tiempo, la occidental de 12 meses y unos 365,2425
días, dará espacio a otro año más. La noción de tiempo no deja de ser una
convención para administrar nuestras vidas; en el fútbol administra el
juego. Pero más allá de la idea metafísica, quisiera dedicar esta entrega a
todos los lectores que sábado a sábado permiten que establezcamos ese
silencioso e invisible dialogo del hombre, que desde el fútbol y atravesado
por la sociedad nos permite reflexionar sobre el Ser y su deambular en la
vida.
Hace varios años, venía en un autobús desde Puerto La Cruz y surgió la idea
de escribir una columna de fútbol, al estilo de Eduardo Galeano, como fuente
inspiradora; intentando traspasar la mera impresión del deporte. Fue una
larga etapa en otro periódico, luego de una pausa retomé, gracias a Pablo
Zapata de Pico Bolívar, este ejercicio semanal de escritura, seguramente con
más desaciertos que aciertos, muchas veces con apuro, con poco tiempo, pero
con la inquietud de escribir porque uno cree que alguien espera el artículo
el fin de semana, así como un enamorado espera una carta o un correo
electrónico para ajustar la idea a nuestros tiempos.
Dos cosas más quisiera agradecer, la primera, el ejercicio de libertad de
expresión que me permiten hacer, donde nunca he sido censurado, todo lo
contrario, siento que respetan hasta mis errores de redacción, que por
descuido propio o por ignorancia gramatical y de morfosintaxis muchas veces
quedan en la escritura.
El segundo agradecimiento es a los lectores, yo sé que suena a lugar común y
hasta tiene un sesgo de demagogia, pero francamente he sentido mediante los
amigos o cuando debo dar mi nombre en algún lugar por determinado trámite,
comentan la columna. Por ejemplo me pasa de gente que desde hace tiempo no
veo, cuando nos tropezamos por las angostas aceras del centro o por algún
lugar público, hacen elogios a Sed de Gol, es una extraña sensación de quien
hace este trabajo desde la soledad y en pleno silencio, el mismo silencio y
la misma soledad que tiene usted en este momento.
También agradezco a los amigos que reciben el habitual correo en cadena en
Mérida o en otros lugares, agradezco los comentarios, las críticas y los
puntos de vista. También agradezco a quienes se han tomado el tiempo para
escribirme directamente, sin conocernos, sin que nunca nos conozcamos. Cada
vez que llega un cometario por el correo electrónico siento que he herido la
sensibilidad de un lector, pido disculpas si desde este espacio ese ha sido
el efecto de recepción.
También agradezco a la página www.degolagol.com del periodista Williams
Belandría, quien amablemente me invitó a colaborar en dicho espacio. Fue una
sorpresa, ya que no pertenezco a los círculos futbolísticos locales, por lo
que mucha gente de ese medio me debe ver como un extraño "opinador".
Se viene otro año, donde espero sigamos este encuentro semanal, muchas voces
presagia un año difícil, de crisis, pero "crisis" es palabra habitual para
un latinoamericano, siempre hemos vivido en crisis, mejor ejemplo de crisis
constante es el fútbol nacional. Siempre pensamos que desaparecerá por
deudas y falta de recursos económicos, pero milagrosamente siempre está,
siempre hay un campeonato, unos malos, otros menos malos, casi todos
pésimos, pero siempre esperanzados en que mejorará, la esperanza es el
combustible del alma. De manera que la crisis hará estragos a las sociedades
más "estables", nosotros seguramente estaremos un poco más apretados que de
costumbre. Feliz año a todos y veremos qué pasa.
Filantropía
Por José Alexander Bustamante-Molina
/
alexanderbustamante@ula.ve
“Donar o devolver” dice Facundo Cabral en uno de sus monólogos, en esa
extraña mezcla de humor, ironía y poesía juglar. La paradoja la asoma cuando
los millonarios hacen bondadosas donaciones para menguar las carencias de
los más necesitados, es decir los pobres, es decir nosotros.
La risa se torna en ceño fruncido cuando advertimos si realmente están
donando o devolviendo lo que les ha pertenecido a otros. Vieja querella
socialista. No todo el dinero es “buen habido” en este mundo, los engranajes
del poder hacen que todo parezca parte de la normalidad y la filantropía,
del griego φιλανθρωπία, es decir, amor al género humano, no deja de ser un
acto teatral, mediático, simbólico, de artistas, músicos y deportistas que
nos atañe en este caso.. Vale la pena tener claro el concepto: “El término
[filantropía] surgió en el siglo XVII, cuando el Estado y ciudadanos
seglares se hicieron cargo de las funciones de caridad que anteriormente
desempeñaban los religiosos… Durante la edad media, se creó en Europa una
importante red de asilos, hospitales y orfanatos, mantenidos gracias a los
donativos de los grupos más ricos y a las colectas que hacían las
iglesias... En la actualidad, la filantropía se asocia con el desembolso de
riqueza por parte de individuos y, especialmente, con la recogida de fondos
por parte de organizaciones que no actúan por ánimo de lucro… Uno de los
filántropos más famosos fue Alfred Bernhard Nobel, que utilizó los
beneficios derivados de la industria de explosivos para mantener la
institución de los premios Nobel. .. Otro gran filántropo fue Andrew
Carnegie, que dedicó el final de su vida a repartir su enorme fortuna ganada
con la industria del acero. Siguiendo los principios desarrollados en su
ensayo Gospel of Wealth (Evangelio de riqueza, 1889), Carnegie devolvió 300
millones de dólares a la sociedad…”
La semana pasada en un espectáculo –si vale la pena el nombre, circo vendría
mejor- Iker Casillas, Fernando Alonso, Rafael Nadal y Raúl González, entre
otros, celebraron en Madrid una jornada de actividades deportivas: futbol,
tenis y karting – a falta de un verdadero autódromo-, con el objetivo de
recolectar fondos para la construcción de un hospital en Malí, o algo por el
estilo. En pocas palabras: para ayudar a un país pobre del tercer mundo, los
famosos deportistas millonarios organizan un juego, con el dinero de los
fanáticos y admiradores que compran la entrada. Los deportistas sólo ponen
su cara y la gente el dinero. La serpiente se muerde la cola. Los medios de
comunicación se vanaglorian de la sensibilidad, y la imagen de estos
deportistas suma puntos en su popularidad; nos hacen creer que son unos
millonarios sensibles, algunos lloran, otros con seguridad, los insertan en
su lista de héroes favoritos.
Donar o devolver, esa es la cuestión. La falsa filantropía la vende el
sistema mediático como gestos de nobleza que justifiquen los sueldos
sobrevaluados de los deportistas, donde se han convertido en una pieza más
del gigante sistema publicitario capitalista, ni hablar de las Fundaciones,
mucho más patéticas. Ni hablar de las jornadas de “telecorazón”.
Otra variante, de seguro para evadir impuestos es cuando los jugadores ponen
su nombre a las fundaciones que crean, con un pequeño porcentaje de los que
ganan (o devuelven) contratan algunos empleados, regalan algunas docenas de
juguetes, y se toman la foto con un niño portador de VIH en un hospital
público. (la felicidad fugaz se convierte en trauma cuando desaparece). De
todo eso debemos desconfiar, de los amigos de Messi, los amigos de Zindane,
los amigos de Ronaldo, los Amigos Invisibles. Siempre habrá un gran
patrocinarte.
Si dieran la mitad de la recaudación de las entradas del mundial de fútbol,
si los jugadores donaran (o devolvieran) un mes de su sueldo, al menos
entrarían en la consideración de posibles filántropos. Estamos lejos de ver
verdaderos gestos de nobleza humana y social, al menos en el fútbol. Queda
claro que el deporte no debe asumir responsabilidades de estado, más que un
deporte el un espectáculo. El fútbol es tan inexplicable y carente de
lógicas que permite estos actos “bondadosos”, ignoro si los deportistas
involucrados tienen conciencia del circo que animan. Veremos qué pasa.
Nos siguen pegando abajo
13dic-2008
Por José Alexander Bustamante-Molina /
alexanderbustamante@ula.ve
Un mensaje de texto de un amigo rezaba: "Mérida necesita un equipo que valga
la pena". La tranca de carros para salir del estadio Metropolitano se
acentuaba, a lo lejos se escuchaban las sirenas de las ambulancias, las
radios que hacían la trasmisión pedían calma. Algunos miembros de la Guardia
Nacional pasaban corriendo de forma nerviosa. Mientras todo eso ocurría lo
único que me animé a escribirle al amigo fue: "necesita un arquero que valga
la pena", añadiría ahora: golero, cancerbero, guardapalos, guardavallas,
guardameta, atajador o cualquier sustantivo de la jerga que se nos apetezca
a sabiendas de cómo en el resultado final influyó la falta que cometió
Dudamel y cuyo tiro libre produjo el único gol.
La tensión de la derrota ante Anzoátegui pasaba a un segundo plano al ver a
toda la gente preocupada por los hechos de violencia que se suscitaron al
final del encuentro, en la tribuna este y que luego se trasladó a las
afueras del estadio, una vergüenza.
Minutos antes, mientras el comité de la FVF entregaba la premiación, la
pantalla gigante del estadio mostraba la gran golpiza entre aficionados de
Estudiantes –supongo- y luego cómo llegaba la Guardia Nacional a
complementar la improvisada pelea de Box. Durante varios segundos la imagen
paralizaba a toda la gente que aún quedaba en la tribuna. Luego fue
abruptamente cancelada. En ese instante recordé la memorable canción de
Charly García con la que he titulado estás breves líneas: "Nos siguen
pegando abajo" y por todos lados, en lo deportivo, en lo social, en los
anhelos.
Desde muy temprano del jueves ya se respiraba una noche de fútbol blanca y
roja. Desde las cinco de la tarde comenzó a movilizarse la gente. Llegué
cerca de las seis de la tarde y observé que el operativo de seguridad se
podía quedar corto, es cierto que no sería un lleno como los de la Copa
América, pero si serían cerca de 20 mil personas, y eso es mucho en un país
donde el fútbol se caracteriza por mostrar canchas vacías. 20 mil personas
es un Caracas-Magallanes.
Pero a diferencia de la Copa América, si es que vale la pena comparar, en el
fútbol nacional la venta de bebidas alcohólicas es algo normal, por no decir
tradicional. Y conocemos bien la cultura etílica nuestra: no bebemos tragos
sociales, muchos toman hasta la última cerveza o hasta la última moneda, que
viene a ser lo mismo.
Una concentración pública con venta de alcohol debe tener mucha supervisión,
si el 10% de los asistentes estaban ebrios, entonces hablamos de dos mil
"borrachos", para lo que se necesitarían no menos de 15 ambulancias y unos
tres mil individuos de seguridad. Sin contar esos que llamamos los
"prendidos", que pueden ser unos cinco mil más. Además, hablamos de unas de
las sociedades con más violencia callejera de América Latina.
La venta de cerveza debe eliminarse de los recintos deportivos: un estadio
no es un bar, y viceversa. La experiencia en el mundo ha demostrado que
ingerir alcohol es la causa principal de la violencia en los estadios y
motivo de accidentes de transito en las afueras de los mismos. Para algunos
sonará a reflexión moralista, casi religiosa, o a cualquier tipo de
interpretación que niega la gravedad de los hechos, las sociedades avanzan
en base a sacrificios y normas estrictas. Nosotros somos fruto de una
sociedad rentista y facilista; gozona.
Ya en el plano futbolístico, como para poner un poquito el dedo en el
resultado, quedaron en evidencia muchas cosas: primero, existen diferencia
en el fútbol que son insalvables, se notó que Anzoátegui está en el cuarto
lugar y Estudiantes de catorce en el campeonato local. Segundo, el poder de
convocatorio del equipo, asistencia masiva acorde al evento. Tercero, la
desorientación táctica durante casi todo el juego, las salidas pésimas de
Rafael Dudamel (la derrota tiene su sello) y cuarto, la mala racha de
resultados de Estudiantes como local en finales: perdió en el Soto Rosa ante
aquel Italmaracaibo, luego en los penaltis frente Nacional Táchira (ambos
equipos ya desaparecidos) y ahora ante Anzoátegui, que según la tradición, y
por lo visto hasta en algunos años también desparecerá. Veremos qué pasa.
El fútbol y las Alcaldías
Por José Alexander Bustamante-Molina /
alexanderbustamante@ula.ve
Si viviéramos en Noruega quizá se podría aceptar la posibilidad de destinar
los fondos públicos a un equipo de fútbol profesional. No voy al lugar común
de las comparaciones con otras sociedades más organizadas, digo si realmente
viviéramos en Noriega y no si fuéramos como Noruega.
Ante la aclaratoria, pensaría que la exigencia de destinar fondos públicos a
un Club profesional de fútbol, sería la que se le pide a todo organización:
rendimiento, éxito, resultados eficientes que permitan proyectar dividendos
de todo tipo a corto, mediano y largo plazo, en especial a corto plazo.
Nadie invierte en el fútbol por sentimentalismo.
Varios equipos del fútbol nacional venezolano, por no decir muchos –
incluyendo Estudiantes de Mérida, obvio- han sido financiados con fondos
públicos mediante gobernaciones y alcaldías.
En un país con necesidades por doquier, es insensato que un ente público
considere la posibilidad de sostener una gruesa plantilla de un equipo de
fútbol. Los jugadores hoy día no cobran sueldo mínimo y si cobran poco menos
de sus aspiraciones dicen que es una falta de respeto a su talento.
Si el fútbol es un deporte "profesional", una gobernación o alcaldía no
puede sostener lo que un organismo de ese tipo no sea capaz de sacar
adelante, en pocas palabras, no se puede dar dinero a una empresa que no
genera dividendos. Desde lo político puede ser considerado con más
razonabilidad, -sin dejar de ser injustificable, obvio- bien sea para lavar
la imagen de una mala gestión pública y despertar sentimientos pasionales
con el fútbol. También puede ser un objetivo político para tener un "brazo"
de gente que se convierta en votos, un chantaje típico de los políticos, con
amenazas de que si se perdiera la condición de poder, entonces la
manutención se vería afectada.
Una alcaldía o gobernación, si podría colaborar con la logística de un
equipo de fútbol profesional: viajes, hoteles para la concentración,
indumentaria, alquiler de la sede, ayuda a las categorías inferiores, entre
otras cosas menores.
Si nos remitimos a los estrictos conceptos, un alcalde (Del ár. hisp. alqáḍi,
y este del ár. clás. qāḍī, juez), es: "presidente del ayuntamiento de un
pueblo o término municipal, encargado de ejecutar sus acuerdos, dictar
bandos para el buen orden, salubridad y limpieza de la población, y cuidar
de todo lo relativo a la política urbana". Como podemos notar, todo menos
dar recursos a profesionales del fútbol, quienes ganan los salarios más
inflados del mundo. Es inconcebible que por su esfuerzo ganen más dinero que
científicos que buscan sin descansar la cura de los malestares de la salud
del mundo. Son impensable esos sueldos, que lo quiera pagar una empresa o
empresario es otra cosa, que una marca privada quiera que tal o cual jugador
sea su imagen publicitaria, también es distinto, es dinero de alguien, no es
dinero municipal.
Mucho menos se puede entregar los fondos públicos a un equipo como
Estudiantes que obtiene pocos resultados, y no desde
ahora, sino desde hace mucho tiempo, más allá de haber llegado final de la
Copa Venezuela. Considero que Chuy Verá es el técnico indicado para el
equipo, pero que necesita de más amplitud a la crítica y sobre todo, percibo
ha convertido al equipo en un foro de amigos que se cubren las espaldas ante
los malos resultados. Pero esa es otra historia que tocaremos en su momento.
Vera sigue teniendo mucha confianza por parte de la gente.
Ignoro lo que pueda suceder con UA Maracaibo y Estudiantes de Mérida ante el
cambio de autoridades locales en cada una de sus ciudades. Si estas
alcaldías siguen "manteniendo" a los equipos, seguramente se seguirá tapando
las deficiencias de nuestro fútbol, pero si sucede todo lo contrario, el
descalabro será mayor, en particular al equipo marabino que en los últimos
años ha transitado por el camino del éxito, efímero tal vez, pero éxito al
fin. Ingresará a la larga lista de clubes desaparecidos: Italchacao,
Marítimo, Peninsulares de Araya, Pepeganada, ULA FC, Petroleros de Cabimas,
UCV, Galicia, entre muchos, aunque a veces resucitan. Veremos qué pasa.
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